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ARGENTINA / 7 JUN 07 / EL MERCOSUR Y SUDAMERICA TODA, HOY
Por el Dr. Carlos “Chacho” Álvarez
Presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur

El MERCOSUR, y Sudamérica toda, atraviesa un momento excepcional como no lo hemos vivido a lo largo de nuestros dos siglos de historia. Tenemos todas las condiciones para un desarrollo autónomo, productivo y social.

Hoy contamos con un MERCOSUR -núcleo de la integración sudamericana--, que abarca desde el Caribe hasta Tierra del Fuego y con la perspectiva de incorporar nuevos socios como Bolivia y Ecuador. Un bloque que concentra más del 70 por ciento del PBI de Sudamérica -la sexta economía del planeta-, un espacio geográfico de 270 millones de habitantes, con una capacidad industrial y de recursos humanos muy importante. Somos una potencia energética, disponemos de una extraordinaria riqueza de recursos naturales, una gran reserva de agua potable y un potencial de biodiversidad que no poseen otras regiones del mundo. Transitamos además un contexto económico internacional muy favorable, con la presencia de nuevos actores que demandan los productos que la región exporta. Todos los países han crecido en los últimos años y la perspectiva –apoyada en nuestra gran autonomía energética y de recursos naturales, es que el crecimiento se mantenga a mediano y largo plazo.

Por otra parte, en toda Sudamérica rigen los sistemas democráticos, somos una zona de paz que está fuera de la agenda de conflictos que padecen otras regiones del planeta, como el terrorismo, los problemas étnicos, las guerras. Contamos además –y no es un dato menor-, con liderazgos políticos que comparten una misma visión sobre el modelo de desarrollo social y productivo y sobre el papel de nuestra región en el mundo.

Es cierto que también convivimos con problemas. No olvidemos que toda la región viene de una profunda crisis que ha provocado en algunos países procesos de verdadera refundación nacional como son los casos de Bolivia, Ecuador y Venezuela. En otro, como Brasil, Uruguay y Argentina, los sistemas políticos han soportado mejor la crisis y pudieron conducir el nuevo tiempo, signado por profundas demandas postergadas de la población. Esto provoca una cierta tensión entre las agendas nacionales, signadas por necesidades impostergables y urgentes que enfrentan los gobiernos, y la agenda de la integración, que requiere de tiempos más largos y de consensos y negociaciones. Esa tensión explica conflictos como el de Bolivia y Brasil por el gas, o el de Argentina y Uruguay por las plantas de celulosa.

Pero también la integración es una oportunidad para resolver problemas que enfrentan los países. Por ejemplo, en el marco regional se pueden resolver los problemas de abastecimiento energético, factor clave para el crecimiento económico de cada país, se pueden resolver las necesidades de infraestructura, o se pueden superar los déficits de producción de conocimiento y de tecnología, mediante una estrategia regional que optimice los recursos que aisladamente son insuficientes.

Hay una mirada –muchas veces interesada- que pone el acento en las dificultades y conflictos coyunturales, con lo cual se pretende desacreditar el proceso de integración. Se pone el acento en los matices de la política exterior de los países, sin ver que la integración es un proceso a largo plazo entre Estados nacionales y no requiere que los presidentes a cada momento coincidan de la A a la Z. No pasa ni pasó en el Viejo Continente, después de medio siglo de construcción de la Unión Europea, donde los principales socios tuvieron posturas diferentes respecto a la Guerra de Irak y al alineamiento con EE.UU.

Por eso, sin caer en un falso optimismo que nos lleve a negar los problemas, la verdad objetiva es que el proceso de integración está edificado sobre bases sólidas, y esto ha tenido su correlato en la velocidad de construcción del MERCOSUR en el último año, que lo consolidó como un bloque cuya importancia es reconocida internacionalmente. En lo institucional se ha avanzado mucho, con la instalación del Parlamento del MERCOSUR (PARLASUR), lo cual implicará un compromiso mayor de los partidos y los sistemas políticos en la construcción regional. Se crearon nuevos organismos, como el Instituto Social para encarar planes en conjunto para resolver algunas de las asignaturas pendientes en una región que es la más desigual del mundo en términos de distribución del ingreso; el Observatorio de la Democracia, el Instituto del MERCOSUR de Formación para cuadros dirigentes. Se avanzó en el Código Aduanero, se está trabajando en planes de integración productiva para constituir cadenas de valor integradas entre los países, se está edificando el Banco del Sur para ayudar al financiamiento del desarrollo y de la infraestructura física que necesita la región para integrar sus economías y potenciar el crecimiento. Se concretó la integración de los sistemas previsionales que hoy nos permiten contar con una jubilación MERCOSUR, se celebraron innumerables acuerdos en materia jurídica, de salud, educación

En suma, tenemos un horizonte de grandes posibilidades. El desafío es ver cómo cada país pone sus ventajas competitivas para cooperar y no competir y consolidar un espacio regional que sea fuente de crecimiento. Una plataforma exitosa y competitiva para nuestra inserción en la economía mundial. Pero también hay que ver que la integración debe abarcar hoy mucho más que la esfera de lo comercial. Debe contener las expectativas legítimas de nuestras sociedades. La gente tiene que ver en su vida cotidiana y en forma palpable los beneficios de la construcción regional, en cuanto a las mejoras de sus niveles de educación, empleo, salud, trabajo y posibilidades de progreso. Ese es el secreto de la integración.

ESTE ARTICULO ES CORTESIA DEL BOLETIN ELECTRONICO 47 DE CONLATINGRAF
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